Una vez jugando con un amigo mío, frente a mi casa, en ese campo enorme (para mí) donde había una aplanadora y otras maquinarias, nos subimos a una de ellas, y con tan mala suerte, mi amigo se cayó y se abrió una herida en el párpado con un vidrio.
Recuerdo cómo él lloraba y yo tan asustado de verle la cara llena de sangre. Mi madre asustada también
me llevó a casa.
Al tiempo me enteré que le habían puesto puntos.

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